miércoles, 1 de junio de 2011

Evolución de consumo energético en España

En esta entrada de hoy comentaremos la evolución del consumo energético basado en los estudios realizados en el Plan de Acción de Energías Renovables de España (2011-2020), elaborado por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio en colaboración del IDAE. Con ello, desde DPE Prometeo se pretende hacer ver como España ha ido incrementando su consumo energético, pero a su vez ha perdido independencia energética del exterior, por lo que en los años futuros se deberá realizar un plan estratégico para reducir la dependencia exterior en el aspecto energético, en especial del petróleo y del gas.

1. Producción energética y grado de autoabastecimiento

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Figura 1. Evolución de la producción nacional de energía y del grado de autoabastecimiento

España se caracteriza, desde un punto de vista energético, por presentar una estructura de consumo dominada por la presencia de productos petrolíferos, importados en su mayoría del exterior, lo que, junto a una reducida aportación de recursos autóctonos, ha contribuido a una elevada dependencia energética, lo que se traduce en un reducido grado de autoabastecimiento. Esta situación experimenta un cierto cambio de tendencia a partir del año 2005, debido a las instalaciones de energías renovables y gestión de la eficiencia energética, que han posibilitado un ligero aumento en el grado de autoabastecimiento.

2. Evolución hasta 2009 del consumo de energía primaria y final
La demanda energética, expresada tanto en términos de energía primaria como de final, ha venido experimentando una tendencia al alza en las tres últimas décadas, a lo largo de las cuales han tenido lugar varias crisis  energéticas y económicas a nivel mundial con impacto negativo en la actividad económica y la demanda energética de la mayoría de los países desarrollados. No obstante, a primeros de los años setenta, esta circunstancia sirvió de catalizador en la mayoría de los países occidentales para acometer políticas orientadas a la reducción de la dependencia energética y la mejora de la eficiencia en sus consumos.

En España, esta reacción se manifiesta con casi una década de retraso, hacia finales de la década de los setenta. La posterior expansión económica de nuestro país, desde nuestra incorporación a la UE, dio lugar a incrementos notables de la capacidad de poder adquisitivo que tuvieron su reflejo en mayores equipamientos automovilísticos y domésticos, así como en un notable desarrollo del sector inmobiliario, factores, entre otros, que han sido decisivos en las tendencias al alza del consumo energético. Al inicio de la década de los 90, una nueva crisis, de carácter financiero, tuvo eco en una leve atenuación de la demanda energética. La evolución posterior mantuvo una tendencia ascendente hasta el año 2004, iniciándose a partir de entonces una nueva etapa en la evolución de la demanda, que se manifiesta tanto en términos de energía primaria como de final. Este punto de inflexión, que marca una divergencia en la evolución del PIB y de los consumos energéticos necesarios para el sostenimiento de la actividad económica, permite inferir un indicio de desacoplamiento entre la actividad económica y la demanda energética, que tiene su reflejo en el descenso de las intensidades energéticas. El año 2009, constituye un año atípico, en cuanto a las tendencias observadas, donde se encuentra latente, por una parte, el cambio positivo registrado durante los últimos años en cuanto a mejoras de eficiencia, y por otra, el efecto de la crisis, que conjuntamente inciden en un acusado descenso de la demanda energética.

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Figura 2. Evolución del consumo de energía primaria

En cuanto a la estructura de la demanda nacional de energía primaria, ésta ha experimentado una notable transformación en las últimas décadas, si bien, resulta más evidente, a partir de la segunda mitad de los años 90, en que fuentes energéticas como las energías renovables y, sobre todo, el gas natural han entrado con fuerza en escena, incidiendo en una mayor diversificación energética, con un efecto positivo en la eficiencia del sistema transformador (entre 1995 y 2005 la participación de las energías renovables en el consumo primario se incrementó de un 4,5% a un 5,9%, mientras que el del gas natural pasó de un 7,5% a un 20%).

En relación al consumo de energía final, la evolución ha seguido una tendencia similar a la observada en la energía primaria, manifestando de igual modo, una tendencia a la estabilización y contracción en la demanda a partir del año 2004. Atendiendo a la distribución sectorial de la demanda, es el sector transporte el mayor consumidor, con el 40% del consumo final total, principalmente basado en productos petrolíferos, lo que en gran parte determina la elevada dependencia energética nacional. Le sigue en orden de importancia, la industria, con un 30% del consumo. No obstante, estos sectores han experimentado un leve retroceso en su demanda, a favor de otros sectores como los de residencial y servicios, como consecuencia, en cierta medida, de la terciarización de nuestra economía.

3. Evolución hasta 2009 de las intensidades energéticas

Las políticas de reacción a la crisis energética del año 1979 tuvieron como resultado una mejora en la intensidad energética que, sin embargo, volvió a registrar un empeoramiento en línea con la recuperación y expansión  económica posterior en la segunda mitad de los años 80. Esta situación continuó durante la década de los 90, mostrando una divergencia creciente respecto a la tendencia media observada en el conjunto de la UE.
Sin embargo, a partir del año 2005, se constata una mejora notable de la intensidad energética, debido a la confluencia de efectos estructurales y otros de naturaleza tecnológica. Si bien sigue existiendo diferencial entre los indicadores de intensidad energética primaria nacional y europea, se manifiesta una convergencia en las tendencias de ambos indicadores. Esta situación de mejora se mantiene en un contexto donde la expansión económica generalizada ocurrida con carácter previo a la actual crisis económica, contrasta con la tendencia a la baja del consumo energético. Esto ha supuesto una mejora acumulada del orden del 15% en la intensidad de energía primaria en el periodo 2004-2009. Sin embargo, en este panorama marcado por la crisis, el descenso sostenido de la demanda parece indicar la existencia de factores ajenos a la crisis, que repercuten en la mejora de la intensidad energética.

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Figura 3. Evolución de la intensidad energética en España y en la Unión Europea

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Figura 4. Evolución de las intensidades energéticas primaria y final en España

4. Evolución al 2009 del mix de generación eléctrica

La generación eléctrica nacional ha experimentado una importante transformación desde finales de los años 90, a lo que ha contribuido la progresiva penetración del gas natural, principalmente en centrales de ciclo combinado y en cogeneración, además de las energías renovables, cuya cobertura evoluciona al alza, representando en la actualidad más del 24% de la producción eléctrica nacional. Esta situación ha dado lugar a una pérdida de peso de otras fuentes energéticas como el carbón, el fuel oil, e incluso la nuclear, llegando la producción eléctrica de origen renovable a superar de manera sostenida a la producción nuclear, con posterioridad al año 2006, superando también en los últimos años a la producción con carbón.

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Figura 5. Participación de las distintas fuentes de energía en la generación eléctrica

5.  Conclusión

Como se ha observado en las gráficas anteriores, España es deficitaria en cuanto al grado de autoabastecimiento, siendo una tarea pendiente importante en todo el ámbito español. Dentro del consumo energético de España destaca la enorme dependencia del petróleo y del gas natural, que proviene en su mayoría de países de Próximo Oriente y del Norte de África, los cuales han tenido y tienen problemas de inestabilidad política. La participación de las energías renovables ha ido aumentando durante la primera década del nuevo milenio, aunque ha visto disminuida su aceleración a partir del año 2008. Todos estos datos apuntan a que en la próxima década, se va a tener que realizar una mayor inversión en energías renovables para disminuir nuestra dependencia del petróleo y del gas natural. Por otro lado, la baja aceptación de la población respecto la energía nuclear, hará que ésta vaya disminuyendo su aportación conforme se acabe la vida útil de las centrales. Por tanto, es de esperar que en las próximas décadas se vayan instalando más centrales de producción eléctrica de energías renovables, sector donde la ingeniería española está muy desarrollada gracias a la cualificación de sus profesionales y a la experiencia adquirida en la última década.

Bibliografía básica: Plan de Acción de Energías Renovables de España (2011-2020). Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.